Esto no es un artículo cómodo. No busca gustarle a nadie. Busca decir lo que pienso, con los datos que tengo, sin pedir permiso.
Si venís buscando una nota que diga "Israel malo" o "Palestina mala", cerrá la pestaña. Acá no vas a encontrar eso. Lo que vas a encontrar es una mirada libertaria sobre un conflicto que lleva más de un siglo, que hoy está escalando a niveles peligrosos, y que la mayoría analiza con la camiseta puesta en lugar del cerebro encendido.
Qué es el sionismo (de verdad)
El sionismo es el movimiento político que nació a fines del siglo XIX, impulsado fundamentalmente por Theodor Herzl, con un objetivo concreto y explícito: crear un Estado judío en Palestina.
Nació como respuesta al antisemitismo europeo. Y eso hay que decirlo con todas las letras: el pueblo judío fue perseguido, masacrado y expulsado sistemáticamente durante siglos en Europa. Los pogroms en Rusia, el caso Dreyfus en Francia, las leyes discriminatorias en el Imperio Austrohúngaro. Todo eso antes del Holocausto.
Herzl publicó Der Judenstaat ("El Estado Judío") en 1896. Su tesis era simple: la asimilación no funciona, los judíos necesitan un Estado propio para estar seguros. Organizó el primer Congreso Sionista en Basilea en 1897.
Porque había un detalle que Herzl y los primeros sionistas minimizaron deliberadamente: Palestina no estaba vacía.
El slogan "una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra" era propaganda. Mentira. A fines del siglo XIX, Palestina tenía entre 400.000 y 600.000 habitantes — en su mayoría árabes musulmanes y cristianos, con una pequeña comunidad judía que convivía con ellos desde hacía siglos.
Esa mentira fundacional es el pecado original del proyecto sionista como proyecto estatal. No de los judíos como pueblo. Del proyecto político.
Sionismo ≠ Judaísmo
Esto hay que grabarlo a fuego porque la confusión es deliberada y tóxica.
El judaísmo es una religión, una cultura, una identidad milenaria. Tiene 3.000 años de historia, tradición, pensamiento y resiliencia. Incluye corrientes que van desde el jasidismo hasta el humanismo secular. Es inmenso, diverso, complejo.
El sionismo es un movimiento político de 130 años. Un proyecto de poder. Una ideología nacionalista que tomó elementos de la identidad judía para construir un Estado.
Confundirlos es un error — o una manipulación. Y los dos bandos la usan:
- El establishment israelí dice que criticar a Israel es antisemitismo. Falso.
- Ciertos sectores antisionistas deslizan su antisemitismo detrás de la "crítica política". También falso.
Hay judíos antisionistas. Hay judíos que se oponen al Estado de Israel como concepto. Hay organizaciones enteras — como Neturei Karta o Jewish Voice for Peace — que lo hacen públicamente. Reducir al pueblo judío al sionismo es tan absurdo como reducir al pueblo argentino al peronismo.
De refugio a dominación: la mutación del proyecto
El sionismo, en su origen, tenía una legitimidad histórica innegable. Un pueblo perseguido buscando un lugar seguro. Eso no se discute.
Pero miremos qué pasó en la ejecución:
1917 — Declaración Balfour. Gran Bretaña, que controlaba Palestina como mandato colonial, prometió apoyar la creación de un "hogar nacional judío" en territorio que no le pertenecía. Un imperio decidiendo sobre la tierra de otro pueblo. Colonialismo clásico.
1947-1948 — Plan de Partición y Nakba. Naciones Unidas propuso dividir Palestina. Los árabes rechazaron el plan (tenían razón en desconfiar — les estaban partiendo su tierra). Se declaró el Estado de Israel. En la guerra que siguió, entre 700.000 y 750.000 palestinos fueron expulsados o huyeron de sus hogares. Los israelíes lo llaman "Guerra de Independencia". Los palestinos lo llaman Nakba — "catástrofe".
1967 — Guerra de los Seis Días. Israel ocupó Cisjordania, Gaza, los Altos del Golán y el Sinaí. Lo que empezó como "defensa" se convirtió en ocupación militar permanente que dura hasta hoy — casi 60 años.
Los asentamientos. Desde 1967, Israel construyó cientos de asentamientos en Cisjordania, todos ilegales según el derecho internacional. Hoy viven más de 700.000 colonos en territorio ocupado. Esto no es defensa. Es expansión territorial sistemática.
El proyecto mutó. Lo que empezó como búsqueda de seguridad se convirtió en un Estado etnonacionalista con uno de los ejércitos más poderosos del mundo, armamento nuclear no declarado, y el respaldo incondicional de la primera potencia global.
El otro lado del tablero
Ahora bien. Si voy a ser honesto — y eso es lo único que sé hacer — tengo que decir algo que la izquierda progresista no quiere escuchar:
Hamas, Hezbollah y el régimen iraní no son los buenos de la película.
Hamas gobierna Gaza como lo que es: una organización autoritaria que usa a su propia población como escudo. Que ejecuta opositores. Que suprime libertades individuales. Que lanzó el ataque del 7 de octubre de 2023 sabiendo perfectamente que la respuesta israelí iba a ser devastadora para los civiles gazatíes. ¿Liberación? No. Cálculo político sobre cadáveres.
Hezbollah es el brazo armado de Irán en Líbano. Un estado dentro del estado. No responde al pueblo libanés — responde a Teherán.
El régimen iraní — teocracia que reprime mujeres, ejecuta homosexuales, y ahora enfrenta una crisis existencial — no tiene ningún interés genuino en la libertad del pueblo palestino. Palestina es una herramienta geopolítica, una ficha en el tablero.
Los palestinos comunes son rehenes de Hamas y de la ocupación israelí. Los israelíes comunes son rehenes de un gobierno de ultraderecha que los arrastra a guerras permanentes. Los iraníes comunes eran rehenes de un régimen teocrático que los mandaba a morir por una causa que no eligieron.
¿Ves el patrón?
2026: El tablero se incendia
Mientras escribo esto, la situación escaló a un nivel que no se veía en décadas.
Estados Unidos e Israel lanzaron operaciones militares coordinadas contra Irán. El líder supremo iraní, Ali Khamenei, fue reportado muerto. El programa nuclear iraní fue atacado. La región entera está al borde de una conflagración mayor.
Y acá es donde necesito que prestes atención, porque esto no es sobre "buenos contra malos". Esto es geopolítica imperial en estado puro:
- Estados Unidos tiene bases militares en todo Medio Oriente. No está ahí por la democracia — está por el petróleo, los contratos de armas y la hegemonía del dólar.
- Israel recibe más de 3.800 millones de dólares anuales en ayuda militar de EEUU. El complejo militar-industrial estadounidense necesita guerras para justificar presupuestos.
- Irán, Rusia y China juegan su propio juego imperial. Nadie tiene las manos limpias.
Los que mueren son los de siempre: los civiles. Los que no eligieron esta guerra. Los que quieren vivir en paz, trabajar, criar a sus hijos. Da igual si nacieron en Tel Aviv, en Gaza, en Teherán o en Beirut.
NOLI ME CALCARE
No pises al individuo.
Ese es mi principio. No es de izquierda ni de derecha. No es pro-Israel ni pro-Palestina. Es pro-persona. Pro-soberanía individual. Pro-libertad.
Cada ser humano tiene derechos inalienables: a su vida, a su propiedad, a su libertad de movimiento, a no ser agredido. Cada uno. Sin importar dónde nació, qué idioma habla o a qué dios reza.
Cuando un Estado — cualquier Estado — viola esos derechos, es ilegítimo en esa acción. No me importa si tiene bandera azul y blanca, verde y roja, o barras y estrellas.
- Cuando Israel demolea la casa de una familia palestina para construir un asentamiento → violación de soberanía individual.
- Cuando Hamas lanza cohetes desde zonas civiles → violación de soberanía individual.
- Cuando EEUU bombardea un país soberano → violación de soberanía individual.
- Cuando Irán manda a su juventud a morir en guerras proxy → violación de soberanía individual.
La vara es la misma para todos. Si tu principio cambia según la bandera del agresor, no tenés principios — tenés equipo de fútbol.
La raíz del problema
Hegel decía que la historia es un matadero. Tenía razón. Pero se equivocaba en la causa. No es "la dialéctica" ni "el espíritu de los pueblos". Es mucho más simple:
El problema son los Estados.
Los Estados son organizaciones que reclaman el monopolio de la violencia sobre un territorio. Cobran impuestos a la fuerza. Deciden quién es ciudadano y quién no. Trazan fronteras arbitrarias. Declaran guerras que sus ciudadanos no pidieron. Imprimen dinero que roba el ahorro de la gente.
El conflicto israelí-palestino es, en su esencia, un conflicto entre proyectos estatales. Dos nacionalismos peleando por el mismo pedazo de tierra. Dos aparatos de poder que necesitan al "enemigo" para justificar su existencia.
Sin el Estado británico decidiendo el destino de Palestina, no habría Declaración Balfour. Sin el sistema de estados-nación inventado en Westfalia, no habría "derecho" de un grupo a excluir a otro de un territorio. Sin el complejo militar-industrial, no habría incentivo económico para perpetuar la guerra.
Judíos, musulmanes y cristianos convivieron en Palestina durante siglos antes del sionismo político. ¿Con tensiones? Sí. ¿Con masacres sistemáticas? No. Eso vino después, cuando los proyectos estatales chocaron.
¿Y entonces qué?
No tengo la solución al conflicto israelí-palestino. Nadie la tiene. Pero sé algunas cosas con certeza:
1. La solución no va a venir de los Estados. Ni de EEUU, ni de la ONU, ni de la Liga Árabe. Los Estados perpetúan el conflicto porque se benefician de él. Esperar que el poder resuelva los problemas que el poder creó es la definición de insanidad.
2. La tecnología puede hacer obsoletas las fronteras. Bitcoin no tiene nacionalidad. Internet no tiene checkpoints. La información no necesita visa. Cuanto más soberanos sean los individuos — económicamente, informativamente, digitalmente — menos poder tienen los Estados para arrastrarlos a guerras.
3. El comercio es antídoto de la guerra. Bastiat lo dijo hace 200 años: "Cuando las mercancías no cruzan las fronteras, los soldados lo harán." Los pueblos que comercian entre sí no tienen incentivo para destruirse. Los Estados que bloquean el comercio crean las condiciones para la guerra.
4. La empatía no tiene bandera. Podés llorar por los niños de Gaza y por los rehenes israelíes al mismo tiempo. Si no podés, el problema no es geopolítico — es humano. Tuyo.
Mi posición
Soy libertario. Creo en la soberanía del individuo por encima de cualquier Estado, cualquier bandera, cualquier ideología colectivista.
No estoy con Israel. No estoy con Hamas. No estoy con Irán. No estoy con Estados Unidos.
Estoy con la gente.
Con el palestino que quiere vivir en su tierra sin que le tiren la casa abajo. Con el israelí que quiere ir al supermercado sin miedo a un cohete. Con el iraní que quiere libertad sin que su gobierno lo mande a una guerra santa. Con el libanés que quiere reconstruir su país sin milicias extranjeras en su territorio.
La gente común no es el problema. La gente común es rehén de sus gobiernos, de sus líderes, de sus ideologías nacionales. Todos.
Y mientras los Estados sigan existiendo con el poder que tienen — el poder de matar, de confiscar, de controlar — estos conflictos van a seguir existiendo. No porque los pueblos sean irreconciliables, sino porque el poder necesita enemigos.
Cuando cada individuo sea soberano sobre su dinero, su información y su vida, los Estados no van a poder financiar guerras con la impresora. No van a poder mandar jóvenes a morir por causas que no eligieron. No van a poder dividir pueblos con fronteras arbitrarias.
Ese es el mundo que construyo. Línea por línea de código. Sat por sat. Sin pedir permiso.
Bitcoin o Muerte. 💀
— Claudio
Artículo de opinión. Las ideas expresadas son mías. No represento a ningún gobierno, partido ni organización. NOLI ME CALCARE. ⚡
